jueves, 28 de enero de 2010

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El arte religioso de la contrarreforma (Emile Mâle)

Capítulo primero.- El arte y los artistas después del Concilio de Trento

En la vigesimoquinta sesión del Concilio de Trento (1563) se dijo: “El Santo Concilio prohíbe que se sitúen en las iglesias imágenes que se inspiren en un dogma erróneo y que puedan confundir a los simples de espíritu; quiere, además, que se evite toda impureza y que no se de a las imágenes caracteres provocativos”.
Lo primero que hizo la iglesia fue proscribir el desnudo en el arte religioso. Los Papas (Pablo IV, Pío V y Clemente VIII) condenaban lo que otro Papa, un siglo antes, juzgaba digno de la Capilla Sixtina.
Para el arte religioso había empezado un período de austeridad. Pero no solo los Papas eran escrupulosos; había artistas tan o más escrupulosos que los Papas. Por ejemplo, Philippe de Champagne no consentía en pintar ningún desnudo.
Pero, ¿era realmente posible proscribir el desnudo y abandonar las conquistas del Renacimiento? ¿Se podía llegar a la conclusión de que Donatello, Verrochio, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, habían trabajado en vano para descubrir la belleza del cuerpo humano? Ni la propia iglesia podía pretenderlo. Por un acuerdo tácito, se convino que la fábula clásica permanecería en el ámbito del desnudo. La mitología, convertida en algo sin peligro, permanecía como en un encantamiento.
Se puede, pues, comprender que en 1600, un príncipe de la Iglesia hubiese hecho pintar a los Carracci en el Palacio Farnesio los Amores de los dioses, verdadero triunfo del paganismo y del desnudo. La Contrarreforma, que potenciaba un arte religioso irreprochable, había dejado al artista, en sus trabajos fuera del espacio sagrado, toda su libertad.
Asombrado de ver en la villa del cardenal Borghese el encantador grupo de Bernini con la voluptuosa figura de Dafne, perseguida por Apolo, convirtiéndose en laurel, el cardenal Barberini (el futuro Urbano VIII), dijo sonriendo que con dos versos convertiría la obra en edificante, y escribió: Quisquis amans sequitur fugitivae gaudia formae, fronde manus implet, baccas seu carpit amaras (“El amante, persiguiendo una forma encantadora que huye, no encuentra en su mano, cuando lo busca, más que hojas muertas, o frutos amargos”).
En las obras destinadas a la Iglesia, existía la posibilidad de que se representase otra serie de inconveniencias; el tema sagrado podía ser tratado con escaso respeto. Así pues, en un cuadro religioso, nada en lo sucesivo debe alejar el pensamiento del tema. El arte religioso que ahora defiende la Iglesia es un arte severo, concentrado, en el que nada es inútil, en el que nada distrae la atención del cristiano que medita sobre los misterios de la salvación. En lo sucesivo habría un arte religioso y un arte profano.
Había aún otros formas de quebrantar las reglas del Concilio de Trento. Sin introducir figuraciones inútiles que aparecían ahora como verdaderas faltas contra las normas del arte religioso, el artista podía no dar la suficiente nobleza a los personajes evangélicos. En este sentido, la Iglesia se mostró muy severa para el gran innovador que fue Caravaggio; por tres veces le rechazó sus obras. Ribera debe a Caravaggio no solo sus contrastes de luz y sombra, sino también su crsitianismo popular.

El Concilio condenaba las obras que propagaban un dogma erróneo. Los censores eclesiásticos parecían dar prueba de un cierto celo. La Iglesia no llevó a cabo un golpe de Estado: se mostró conciliadora, moderada, indulgente, para las tradiciones antiguas. La Iglesia no entabló una lucha continúa contra el arte religioso; simplemente lo mejoró y le inculcó otro espíritu. Si en la Edad de Oro del Renacimiento, el arte religioso era sereno como el arte antiguo, en el siglo XVII lucha contra la herejía; si expresaba la confianza en la fe, traduce ahora el impulso de todo ser hacia Dios; si huía de la expresión de dolor, lo que ahora representa es el martirio con todo su horror.
Si tuvo tanto éxito, fue por el hecho de que encontré artistas dóciles a sus enseñanzas y enteramente inmersos en el espíritu religioso de su tiempo. Al igual que los artistas italianos, los franceses comenzaban el día asistiendo a misa. En España, el arte permanecía tan íntimamente vinculado a la Iglesia, que incluso muchos hombres de Iglesia eran artistas.
Todos estos artistas, tanto los laicos como los clérigos, se habían formado en la enseñanza de la Iglesia; estaban de tal manera en perfecta armonía con el pensamiento religioso de su tiempo que, aun sin haber recibido el rumbo preciso, fueron fieles intérpretes del catolicismo de la Contrarreforma.


Capítulo segundo.- El arte y el protestantismo

No se puede pensar sin emoción en las angustias de Clemente VII. Desde lo alto del castillo de Sant’Angelo veía Roma saqueada por las bandas luteranas y sabía que Dinamarca, Noruega, Suecia e Inglaterra se alejaban de la Iglesia.
El protestantismo destruyó las imágenes y proscribió el arte religioso. El templo protestante, blanqueado, estaba desnudo. A esta desnudez, la iglesia opuso el esplendor de sus colores, mármoles y materiales preciosos.
La pobreza voluntaria del templo protestante explica, en cierta medida, el arte fastuoso del siglo XVII. Las destrucciones de los iconoclastas hicieron más queridas las imágenes a los católicos. Es la época en la que se multiplican los libros sobre las imágenes veneradas en la cristiandad y, sobre todo, sobre las imágenes de la Virgen.
Los escritores luteranos y calvinistas no temían considerar a León el Isáurico y a Constantino Coprónimo como los primeros apóstoles de la verdad; citaban sus leyes y repetían sus argumentos. Así, a los protestantes que no querían contemplar a Cristo más que en espíritu, la iglesia contestó multiplicando las imágenes en las que veía, como antiguamente, una perpeteua enseñanza.
Los protestantes se encarnizaban muy particularmente contra las imágenes de la Virgen, la acusaban de haber reemplazado a Cristo. Parecen olvidar, dice Erasmo, que el pequeño niño que lleva en sus brazos ha crecido. La Iglesia no se la dejó arrebatar y la defendió con toda su ciencia y todo su amor.
Para los más profundos teólogos de la época, la serpiente que la Virgen tiene a sus pies no es solamente el espíritu del mal, es la herejía. El arte reprodujo entonces, con una gran exactitud, esta interpretación de la iglesia. En el arte del siglo XVII, esta lucha de la Madre y del Hijo contra el espíritu del error toma algunas veces una forma un poco diferente. En todas estas representaciones inspiradas por la controversia, las alusiones al protestantismo quedan un tanto veladas, aunque el siglo XVII ha sabido crear obras más claras.
Los Papas, cardenales y monjes de la Iglesia proclaman que la Virgen se ha librado del pecado original y que no ha sido ni siquiera rozada por el pecado venial. Los protestantes, que se esforzaban en disminuir el papel de la Virgen, no querían admitir que había sido concebida por Dios ante el mundo y eximida del pecado original por una ley exclusiva de su Providencia.
Todos los protestantes luteranos o calvinistas atacaban al Papado con igual violencia, convencidos de que quebrantándolo preparaban la ruina de la Iglesia católica. Para ellos, el Papa es el que niega a Jesucristo, el que interpreta erróneamente sus enseñanzas, es el Anticristo. Para quitar al Papado su carácter sobrenatural ofrecen una nueva explicación de los pasajes del Evangelio que se refieren a la prioridad de San Pedro.
A estos argumentos contra el Papado, Bellarmin contesta con una fuerza dialéctica y un conocimiento de los textos que perturba a los reformados y afirma la fe de los católicos.
Sin la Reforma, no tendríamos el monumento a la cátedra de San Pedro, pues no hubiera sido necesario afirmar lo que nadie dudó. Es remarcable que la antigua fiesta de la Cátedra de San Pedro fuese afianzada por Pablo IV en 1558, en el momento culminante de la lucha emprendida por la iglesia contra los reformadores.
De esta manera, San Pedro proclama el carácter sobrenatural y afirma la grandeza de este Papado que la herejía no había conseguido quebrantar. Pero no es menos importante que los Papas hayan expresado también sus esperanzas, anunciando que los pueblos separados estarán de nuevo un día en el regazo de la madre común. Permitieron que junto a los sepulcros de los Soberanos Pontífices se levantaran los de algunos ilustres convertidos como Cristina de Suecia y los últimos Estuardo.
La reina Cristina había ofrecido a Suecia el ejemplo de su conversión, conversión tanto más notoria, puesto que era la hija de Gustavo Adolfo, el héroe de la Reforma; y conversión tanto más meritoria, puesto que había luchado largo tiempo con los teólogos antes de rendirse.
La querella de las indulgencias había marcado el comienzo de la Reforma. Los protestantes que rehusaban creer en la virtud de las indulgencias fueron muy pronto inducidos a negar la realidad del purgatorio. De todas las negaciones del protestantismo, quizá no exista otra que haya parecido más inhumana a los católicos.
Hostiles a las indulgencias, los protestantes lo fueron también a los sacramentos. Rechazaron el sacramento de la penitencia y, después de mucho dudar, acabaron por no dar al sacramento de la eucaristía más que un valor simbólico. Juzgaban la confesión inútil, ya que consideraban al bautismo como el verdadero sacramento de la penitencia.
En las Escrituras, Bellarmin encuentra ejemplos para oponerse a los protestantes y, nombra a San Pedro y a María Magdalena. Así se explica, pues, que en el siglo XVII la imagen de Magdalena sea muy frecuente.
Se puede afirmar que la Eucaristía entró en el arte solo como consecuencia de las grandes luchas religiosas. Cuando se trataba de exaltar la Eucaristía, a los Papas nada les parecía demasiado grandioso: sus sentimientos eran compartidos por todos los países católicos. El ciborio de El Escorial es tan bello como los de las basílicas de Roma.
Lutero y Calvino defendieron que las buenas obras no contribuyen de ninguna manera a la salvación. El hombre es tan profundamente vicioso que no se puede hacer digno, ni siquiera con la gracia. La iglesia contestaba que la fe no podía salvar sin la caridad. El hombre no se justifica solamente por su fe, sino por sus obras.
El culto que la iglesia católica rendía a los santos fue entendido por los protestantes como una especie de superstición pagana. Invocar a los santos era menospreciar a Jesucristo, el único mediador. La negación protestante tuvo su lógico efecto: exaltar el culto de los santos.
Todo lo que el protestantismo atacó: el culto a la Virgen, la primacía de San Pedro, la fe en los sacramentos, la virtud de las oraciones por los muertos, la eficacia de las obras, la intervención de los santos, la veneración de las imágenes y de las reliquias, todos estos dogmas o antiguas tradiciones fueron defendidas por el arte, aliado de la iglesia. La Reforma, en lugar de destruir las imágenes, las multiplicó; hizo crear nuevos temas, dio a los antiguos una significación y una belleza nuevas; en fin, fue sin duda uno de los más poderosos estimulantes del arte católico.

miércoles, 27 de enero de 2010

Memoria de clase

En este momento el grupo en general se está centrando en la redacción de su parte del trabajo, no obstante, se sigue buscando información para ampliar el contenido a voluntad del autor del mismo. Carolina está leyendo la monografía de Joaquín L. Ortega, La iglesia de Lutero a nuestros días y Oscar Nacimiento y desarrollo de la tolerancia en la Europa moderna de Henry Kamen y
Art, Religio, Société, de Presses Universitaire de Strasbourg. Además, éstos también se han encargado de preparar la exposición del día 27 de enero.
El observador de la semana es Paula Ortega García que también se encuentra trabajando sobre el libro de La Reforma de L. Hutz y con intención de comenzar el libro de Las Reformas Protestantes de Teófanes Egido López con el propósito de aumentar la documentación sobre algunas partes del trabajo. Javier prosigue su elaboración del trabajo.
Se acordó, además, la fecha de reunión del grupo para organizar la introducción y la conclusión general del trabajo conjunto para el día 5 de febrero.

Exposiciones días 21 y 22 de Enero

Se abrió paso a las exposiciones con el grupo de La imagen de Carlos V, cuya compañera comenzó con una breve introducción sobre la vida de Carlos V y continuó con cada una de las partes en que está dividido su trabajo.
La primera de ellas trata sobre la historiografía de la imagen la cual evoca grandes hechos históricos y ponía como ejemplo el cuadro de Ticiano de Carlos V montado a caballo representando la batalla de Mülberg, victorioso y engrandeciendo la figura del emperador. En ese entonces Carlos V, aquejado de gota, ya no montaba a caballo y dicha batalla no tuvo un resultado tan óptimo como quiere
mostrarse en dicha obra cuya funcionalidad era de mera propaganda. También se habló del tránsito del medievo a la modernidad y del cambio que se produce en al historiografía de la imagen en el siglo XIX, la figura de Carlos V pasa a ensalzarse viéndose como un rey virtuoso.
La segunda parte se centra en la imagen de Carlos V en Francia e Italia. Tras la victoria de Túnez, se producen sus entradas triunfales y la imagen que proyecta en tal momento es como la de un héroe. El emperador es casi un mito y se le compara con personajes como Julio César, Anibal o Escipión; su imagen aparece ligada al mundo romano. Es visto como un hombre recto y con gran dominio de sí mismo. Es el ideal del caballero cristiano como un príncipe victorioso y sabio dotándole de elementos cristianos y paganos como la frase “Vini, vidi, Deus vinci”.
La última parte se refiere a la imagen del emperador en Francia teniendo como principal rival a Francisco I. Carlos V, sin embargo, accede a casarse con Leonor, hija del rey francés. La imagen que se desprende del emperador aquí es la de un humanista, mecenas de artistas y escritores, envidiado por Francisco I contra quien acaba alzándose finalmente.
El siguiente grupo a exponer fue el de La Contrarreforma en cuyo primer punto se habla
sobre la historiografía, término que se acuñó en el siglo XVIII en Alemania en el seno protestante movimiento que fue allí violento y con gran falta de unidad. El autor Villaoslada niega que la reforma protestante tuviera una unidad efectiva. La contrarreforma fue un impulso para recuperar el orden perdido. La unidad se introdujo bien en el seno católico, en el justo medio o en el seno protestante, dependiendo del autor que lo trate. Hay autores que ven connotaciones políticas y a pesar de que hubo ya consensos renovadores anteriores a Trento, los cambios llegan tarde y se hizo urgente reformar los abusos de la curia romana. El balance del Concilio de Trento fue un intento de responder a los conatos de la reforma protestante. El objetivo de la Iglesia era resolver un debate doctrinal.
El segundo punto trata sobre el origen de la disciplina social que, según la exposición del grupo, surgió en los años 60 y 70 del siglo XX contando la historia desde abajo. Max Weber explica el concepto de disciplina y consenso, pero el primer autor que habla de disciplina social es Oestreich, cuyo nuevo rigor establece la disciplina desde el Estado.
En el punto sobre la cuestión de la renovación católica se analizan las creencias del pueblo. La vida cotidiana está marcada por la religión, los sacramentos marcan las creencias populares teniendo en cuenta la jerarquía de dichos sacramentos siendo la eucaristía y la penitencia los más importantes y administrados por el obispo. Se generalizan las misas privadas, las familias más pudientes construyen altares buscando dar el mayor número de misas posible pues la consagración era una forma de salvación. La predicación, las indulgencias y el mercado de reliquias eran otras de las prácticas abusivas que se hacían entonces.
El siguiente apartado trata de La Reforma desde arriba, punto donde se trató principalmente de
los papas Pío II y Alejandro VI. A continuación se habló del Concilio de Trento dividido en tres etapas en las que se hicieron hasta veinticinco sesiones. En cuanto a las cuestiones a debate se trataba en dichos concilios sobre las sagradas escrituras, el pecado original y los sacramentos. Las consecuencias del Concilio se formaron sobre las siguiente cuestiones; Lutero, las influencias fanáticas, el uso de la Inquisición y el problema religioso popular, la caza de brujas y los esclavos. También se buscó reformar al papado y el poder espiritual, así como del Colegio Cardenalicio. Se quiso reforzar a la propia Iglesia y las influencias en la sociedad de la nueva visión del arte.
Por último, se trató el punto de la diferentes órdenes religiosas que también formaron parte del plan de la reforma eclesiástica, a través de la Biblia y el Nuevo Testamento.

El grupo de La Mujer en la Edad Moderna habló de cuestiones como la dote, la viudedad y el matrimonio, las diferencias sociales y los salarios. La mujer tenía una posición subordinada, en general había un gran desconocimiento de su fisiología pues se pensaba que era un hombre invertido que no había terminado de desarrollarse. Era un mundo creado para los hombres, la mujer siempre estaba subordinada a una autoridad masculina, ya sea del padre, marido o hermano. Ser esposa era cuestión de honorabilidad. Estaba permitido maltratar a la mujer sin ningún tipo de pena para el hombre. Las hijas que ejercían la función de comerciantes podían
vivir del negocio hasta que pasara al de sus hermanos o hijos. La prostitución era el único trabajo donde podía ganar más que el hombre. Se habló también de la bruja y de la mujer mística que se encomienda a Dios a través de la meditación y la plegaria.
A continuación se refirió la cuestión de los estereotipos de la mujer en la Edad Moderna. El 90% de mujeres vivían en el campo y la mayoría de las familias necesitaban ingresos adicionales por lo que vendían los escasos excedentes que producían en los mercados. La misión primordial de la mujer era ser madre.
En el siguiente apartado se trató de la nobleza y la realeza cuyas mujeres se dedicaban a supervisar sus tierras; administraban y gestionaban el gobierno de sus dominios. Las mujeres más pobres aspiraban a casarse con un oficial que les diera acceso a un gremio y asegurar
su futuro. Para casarse tenían que aportar una dote.
Se habló de las mujeres con poder en el siglo XVI distinguiendo tres: Catalina de Médicis, Isabel I y María Estuardo. La primera asume la regencia de un país dividido por cuestiones religiosas y con un gran déficit del tesoro, trató de entenderse con católicos y protestantes y fue fiel a los principios de Maquiavelo; “el fin justifica los medios”. Isabel I reinó en su país aunque estuvo condicionada y María Estuardo estuvo casada con grandes dignatarios como Enrique VIII y Felipe II.

La mujer durante la conquista también estuvo presente. En la primera expedición fueron 30 mujeres de 330 tripulantes. Se pasó del 5% hasta el 28,5% de mujeres y la mayor parte estaban casadas. Las más destacadas fueron Inés Suarez o Beatriz Salcedo, pero su figura ha permanecido bastante difusa puesto que la historia ha sido escrita por los hombres y para los hombres.

El grupo de Francia en el siglo XVI comenzó hablando de la nueva historia política que fue una corriente que surge en los años 90. Se mencionaron autores como Max Weber y Foucault según los que la característica principal del estado moderno es la soberanía. También se señaló que la nueva historia política es un concepto de finales del siglo XX.
El punto siguiente trata de la sociedad, la demografía, los recursos y la mentalidad. Aquí se habló de la población que aumentó en el siglo XVI notablemente. Había una natalidad alta y también la mortalidad era elevada por las guerras, las enfermedades y el hambre. Los matrimonios solían tener una media de cinco hijos. Los grupos sociales se dividían entre privilegiados y no privilegiados. Dentro del primer grupo encajan la nobleza y el clero que no pagan impuestos, no trabajan y tienen los cargos más elevados en sus tierras. El grupo no privilegiado estaba compuesto por el sector de la burguesía y el campesinado. El sector agrario es la base económica del campesinado y pocos tenían tierras. Las manufacturas estaban manejadas por pequeñas empresas y las llevaban los gremios. El comercio se realizaba en ferias y mercados.
Y por último, en la cuestión de la monarquía francesa del siglo XVI se habló de Luis XIV cuyo reinado estuvo marcado por las guerras de Italia que hicieron subir los precios y devaluar la moneda, Francisco I tuvo que hacer frente a varias batallas durante su reinado como la batalla de Marignano o la batalla de Pavia. Las ocho guerras de religión fueron durante el reinado de Enrique II.

El último grupo fue el de Religión y Política que habló en primer lugar del disciplinamiento. Las medidas que tomaba la Iglesia para el control de la sociedad fueron la figura del párroco, los libros parroquiales, la confesión, en el ámbito pedagógico las escuelas de catecismo y las misiones. La historia de las ideas es una disciplina que trata de la evolución del desarrollo del pensamiento. El término “estado” ha ido cambiando de significado. Se habló de autores como A. Lovejoy o Foucault y Veyne; estos últimos defienden el carácter múltiples de la verdad. Skinner y Reinhart ven la historia como una construcción social. Jean Bodin explican la idea de soberanía y república, el poder del soberano y el tiranicidio. Distingue entre estado y gobierno y establece tres tipos de monarquías: la tiránica, la señorial y la real. El padre Juan de Mariana defiende que la potestad real debe darse mediante virtudes y el sistema debiera ser hereditario. El tiranicidio sería un vicio de los monarcas y el ciudadano activo debería implicarse en la política del rey.
Erasmo de Rotterdam lucha contra la rectitud y el pensamiento de la Iglesia, su objetivo es llevar el cristianismo a lo más puro. No fue un hereje pues se ceñía a la ortodoxia de la Iglesia. Defendía el pacifismo; sólo se debe recurrir al conflicto cuando los enemigos de la Iglesia actuaran movidos por la lujuria, el orgullo etc. Para entrar en la guerra hay que contar con el consentimiento del pueblo. El Papa debe ser el representante de la paz. Cristo es el modelo a seguir. La figura del príncipe debe dar ejemplo y tener conocimiento sobre filosofía, política religión y ciencias sociales. Erasmo además escribió el Panegírico de Felipe el Hermoso o el Instituto Principis Christiani. No apoyaba el modelo hereditario. Erasmo y Lutero chocan en la concepción del movimiento de la Reforma. Y la figura de Francisco de Quevedo se vio de forma muy general y defendía a la política de Dios y el gobierno de Cristo.

miércoles, 20 de enero de 2010

Guerra de los campesinos (1525-1540) Movimiento anabaptista.

La crisis de la sociedad alcanza su cenit con la gran Guerra de los Campesinos en un periodo que abarca desde 1524 hasta 1526. Los territorios implicados fueron Alemania Sudoccidental, Salzburgo, el Tirol, Franconia, Sajonia y Turingia. Este movimiento terminó con una derrota sangrienta.
El empeoramiento de las condiciones de vida como las cargas y sercicios, impuestos, uso de bosque y tierra, derechos de caza y pesca. Los favorecidos eran los propietarios territoriales, los príncipes respectivos y sus administraciones.
Los líderes del movimiento provenían de las capas medias y acomodadas del campesinado. Se impuso, frente a la apelación tradicional al “viejo derecho” el “derecho divino”. Se asumieron también algunos puntos del programa de la Reforma como la elección del párroco por al comunidad o la predicación del Evangelio. El elemento común entre los diversos ejércitos campesinos fue el fermento religioso. El manifiesto común fueron los “doce artículos del campesinado” (1525) aunque la coordinación de este movimiento fue muy escasa.
Hubo éxitos iniciales facilitados por la crisis del poder político central y se alcanzaron acuerdos pacíficos e importantes concesiones por parte de los terratenientes y los príncipes. Aunque también se produjeron ataques y saqueos sangrientos en numerosos monasterios y castillos.
Se avanzaba hacia una reforma política en todo el Imperio, se preparaba la formación de un parlamento central de los campesinos pero se vieron arrollados por la intervención militar de la Liga Suaba que impidió realizar esta serie de reformas. La Liga fue transformándose en una campaña de represión y aniquilación de los campesinos cuya situación empeoró.
Thomas Müntzer se había colocado a partir de 1524, al frente de un movimiento político-escatológico radical que desembocó en el levantamiento general de los campesinos alemanes. Lutero temía por que este movimiento influyera al movimiento de la Reforma viéndose como una amenaza así pues, intentó separar su causa de la de los campesinos rebeldes, así pues, se basó en posicionamientos teológicos desarrollados ya con anterioridad respecto a la obediencia de los súbditos y el carácter reprobable de toda sublevación frente al poder establecido. En 1525 Lutero y sus colaboradores aprobaban sin reservas las intervenciones ordenancistas de un príncipe que podía ser considerado como “obispo de urgencia”.
Cambió su concepción original en la que la renovación de la Iglesia habría de basarse en la propia fuerza de las comunidades cristianas y la sustituyó por un sistema de iglesias territoriales dirigidas desde el poder secular. La jurisdicción de los obispos dejó de ser reconocida, fueron disueltos los monasterios y los príncipes dispusieron de los vienes de la vieja Iglesia.
Felipe no logró resolver las diferencias doctrinales entre Zwinglio y Lutero, mediante la celebración de un coloquio teológico (Coloquio de Marburgo en 1526). La Dieta Imperial de Espira en 1526 optó por una resolución moderada en materia de fe. En cuanto al Edicto de Worms, los estados del Imperio habían de comportarse “como todo el mundo espera y confía responder a Dios y a Su Majestad Imperial”, lo que no implicaba una base jurídica para la formación de iglesias territoriales evangélicas por parte de príncipes o ciudades. Ahora imperaba el derecho de los poderes urbanos y territoriales a optar por una u otra iglesia dejando atrás el principio de libertad individual de conciencia de culto.
Pero en Espira de nuevo, en 1529, se anuló la resolución de compromiso de tres años atrás y se endurecieron las disposiciones del Edicto de Worms. La protesta de cinco príncipes y catorce ciudades del imperio defendiendo la autonomía de cada estado en el deber de dar razón por sí mismos ante Dios. El Elector de Sajonia era el único que formaba parte d elso protestantes, a él se unieron otros príncipes. Se formó,pues, un grupo de estados del Imperio formados con mayor unidad para afrontar el peligro de la proscripción. Se veían forzados a desarrollar una teoría jurídica que uniese su subsistente lealtad al Emperador y al Imperio. A partir de la definición de Imperio como aristocracia estamental se atribuyó a los estados del Imperio el derecho de afirmarse, también frente al emperador por ellos elegido, en aquellos asuntos tocantes a la religión de sus súbditos.

Movimiento anabaptista:
las comunidades anabaptistas se formaron desde 1525 en el Sur de Alemania, de Suiza y Austria, en los Países Bajos y Alemania Noroccidental. La interpretación espiritualista del Evangelio, la salvación al final de los tiempos, la crítica de las iglesias autoritarias recién implantadas por los reformadores, un exaltado radicalismo social y un mantenimiento del principio de decisión individual en materia de fe.
Las instancias políticas procedieron con gran rigor contra el movimiento.
El régimen de terror instaurado más tarde por los anabaptistas de Münster (1534/35) y reprimido por los príncipes católicos y los evangélicos no pueden servir como criterio para juzgar a todo el movimiento. Sus rasgos profundamente religiosos e irenistas remitían a un futuro libre de toda coacción autoritaria en materia de fe.

Elemperador, tras su coronación en Bolonia, había abierto la Dieta en Augsburgo intentçó conseguir una Concordia teolígica, una consolidación política en el Imperio frente al peligro turco y el constante interés en Francia. Tras arduas discusiones teológicas el emperador se vio desplazado de su papel mediador y tuvo que ponerse a la cabeza de la mayoría católica. Los estados católicos, que temían el poder del Emperador, no estaban dispuestos a iniciar una guerra. Ante el peligro turco el Emperador en 1532 tuvo que concertar con los protestantes en Nuremberg una paz religiosa de plazo limitado.
En 1531 se había formado la Liga de Esmalcalda, una alianza político-militar de naturaleza defensiva en la que participaron los príncipes y ciudades evangélicos, a modo de potencial Estado dentro del Estado. Los príncipes encontraron más aliados contra un eventual ataque del Emperador. El 26 de mayo de 1532 de firma un tratado de alianza entre la Liga de Esmalcalda, Francia y Baviera. La Liga protestante se convertía en un punto de convergencia supraconfesional de la oposición contra los Habsburgo en el Imperio y en Europa. Pero esta unión de católicos y protestantes en la oposición de disolvió en los años sucesivos. Baviera de aliaba con Fernando por el tratado de Linz de 1534. La Liga de Esmalcalda se expandió dentro del Imperio, pero las relaciones con Francia, de nuevo en lucha abierta contra los Habsburgo entre 1536 y 1538, se vieron afectadas por el giro antiprotestante en la política interior de Francisco I.
Carlos V emprendió una política de mano dura contra los protestantes, impulsando la formación de una réplica católica de la Liga de Esmalcalda (Liga de Nuremberg desde 1538). por otro lado efectuaba amplias concesiones a los protestantes.
El protestantismo alemán fue fortalecido internamente a través de la concordia de Wittemberg de 1536 en el desarrollo de universidades, cánticos religiosos, la liturgia en lengua vernácula, etc.

Reforma y Contrarreforma. Lutz.

viernes, 15 de enero de 2010

TIEMPO DE PACES 1609 – 2009


El 9 de abril de 1609 se firmó en Amberes la Tregua de los Doce Años (1609-1621) entre la Monarquía de Felipe III, los archiduques y la República holandesa que supuso un significativo paréntesis en la Guerra de los Ochenta Años (1568-1648), proceso de separación de las Diecisiete Provincias de los Países Bajos entre las que se mantuvieron leales a la Casa de Austria y las que acabaron articulando su independencia en un régimen confederal y republicano. La muestra analiza este periodo esencial de la historia situándolo en el contexto de una política de paces que marca de manera singular los años 1598-1618 hasta el inicio de la Guerra de los Treinta Años y la posterior reanudación de las hostilidades en los Países Bajos a partir de 1621.

LA REVUELTA DE LOS PAÍSES BAJOS (1559-1597)

De Cateu-Cambrésis a Vervins (1559-1598) Tras la abdicación de Carlos V y la Paz de Cateau-Cambrésis (1559), las Diecisiete Provincias quedan incorporadas a la nueva Monarquía Católica de Felipe II. Las reformas institucionales y fiscales chocan contra los privilegios de un territorio muy fragmentado, y la persecución del protestantismo provoca un movimiento de resistencia que propiciará la revuelta iconoclasta. La severa represión contra los rebeldes genera el discurso de la tiranía que nutre la leyenda negra antiespañola, y la falta de recursos financieros para costear el ejército de Flandes ocasiona motines y el saqueo de Amberes. La alternativa a esta «ocupación extranjera» se concreta en la Pacificación de Gante (1576) y el Edicto Perpetuo (1577); el espíritu de este acuerdo se aprecia en el debate de la solución al conflicto político (lealtad, privilegio, libertades y soberanía) entre las Diecisiete Provincias y el monarca católico. Se articulan dos bandos, las uniones de Arrás y de Utrecht, en los que se van alineando unas provincias católicas al sur y otras bajo liderazgo protestante al norte. Tras la abjuración de Felipe II y el fracaso de un modelo de soberanía electiva, los Estados Generales optan por un régimen republicano. Farnesio emprende la pacificación del territorio combinando el uso de la fuerza y una política de reconciliación que culmina con la recuperación de Amberes en 1585. Este avance se ve frenado por la Gran Armada de 1588 y la intervención en las guerras de religión en Francia.

En la Primera Parte de la exposición observamos al inicio unos grabados del siglo XVII, entre los cuales en uno de ellos está uno de los personajes más importantes de este período: el Duque de Alba.
Uno de los cuadros más impresionantes es la Furia Española en Holanda, Bélgica e Inglaterra por parte de soldados españoles amotinados, se produjo entre el 4 de noviembre y 7 de noviembre de 1576 En él murieron varios miles de ciudadanos y fue el detonante para la sublevación de las provincias de Flandes que aún permanecían leales a la corona española en la Guerra de los Ochenta Años. Otro de ellos es la Alegoría de la Rendición de Amberes es decir el Reconocimiento de Alejandro Farnesio, quién está rodeado de símbolos como el poder, la fidelidad, la razón. En la parte derecha del mismo se encuentra Felipe II en el trono.
Otro significante es El banquete de los soberanos, en el que podemos ver gran parte de la familia de los Austrias: Carlos e Isabel, Felipe y dos de sus mujeres, personas de confianza del rey…El cuadro es un claro ejemplo de demostrar a los demás países el poderío de la monarquía hispánica. También en esta primera sala se observan dos retratos: uno de ellos de Ambrosio de Spínola y el otro de Jacobo I Estuardo.


II. LA PAX HISPANICA EN EL CONTEXTO EUROPEO (1598-1617)


Estrategias de pacificación y recuperación


La paz con Francia era uno de los pilares básicos de la Pax Hispanica, y por ello los tratados de Vervins (1598) y Lyon (1601) se verán confirmados con los dobles matrimonios de 1615. La nueva estrategia de pacificación de los Países Bajos incluye la cesión de la soberanía de las Diecisiete Provincias y el Franco Condado como dote de la infanta Isabel. Los archiduques construirán una nueva relación con sus súbditos, reforzarán el avance de la reforma católica y mantendrán intactos los intereses patrimoniales de la Casa de Austria. Además, el soberano de la nueva Gran Bretaña Jacobo Estuardo, favorece el entendimiento hispano-inglés en la Paz de Londres (1604). Aunque se refuerza el aislamiento de los holandeses, Francia y Gran Bretaña serán garantes de cualquier futuro acuerdo de paz entre ambas partes. En 1609 Hugo Grocio publica su discurso De la libertad de los mares, defendiendo principios esenciales del derecho público internacional basados en la Escuela de Salamanca, que atañen a la libre circulación de bienes y personas, y critican el monopolio ibérico sobre el dominio de los mares y el tráfico internacional. La Toma de Ostende (1604) y las campañas en Frisia (1605-1606) fuerzan la apertura de negociaciones. El ataque frente a Gibraltar contra la escuadra española destinada al control del estrecho obliga a ampliar los límites del alto el fuego a los mares.

En este segunda parte se encuentran una variedad de libros desde comerciales hasta dos comedias de Lope de Vega, claramente se conectan con la hegemonía de los Habsburgo en el continente y esplendor de las Letras Hispánicas.
Un cuadro muy significativo es el llamado Intercambio de las princesas, se trata del acuerdo que mantuvieron España y Francia en una zona del río Bidasoa (País Vasco), realmente se encontraba en una zona intermedia en la frontera (tierra de nadie)y por ello las distintas monarquías decidieron realizar un intercambio de princesas:
- Ana de Austria quién se casaría con Luis XIII.
- Isabel de Borbón con Felipe IV.
En otro cuadro se recogen los personajes de Calvino, el Papa y Lutero, los tres con distintos atributos y símbolos, son acompañados además por un anabaptista y la personificación de la paz.

III. LA TREGUA DE LOS DOCE AÑOS (1609-1621)
Alegoría de la Tregua




El desgaste entre los contendientes favorece un alto el fuego en 1607 y el inicio formal de negociaciones en La Haya. De un posible tratado de paz definitivo se va retrocediendo hasta un acuerdo de mínimos: la Tregua de los Doce Años (1609-1621). Se debate sobre la solución constitucional al conflicto político, el comercio con los territorios de la Monarquía en Europa y en las Indias, la libertad de culto y la tolerancia religiosa, o la navegación en el Escalda. Ningún otro conflicto será tan prolífico en instrumentos de propaganda, repercusión mediática e implicaciones internacionales como la Revuelta de los Países Bajos, su represión, y la construcción de la nueva identidad republicana holandesa.
En 1616 Felipe III es jurado como sucesor natural de los archiduques, que carecían de descendencia directa. El balance entre beneficios y costes de la Pax Hispanica empezaba a pasar factura por el impacto de las mercancías extranjeras sobre las producciones españolas, la expansión colonial en los dominios indianos, el progresivo ascendiente político de los reputacionistas contrarios a las concesiones hechas en los acuerdos con herejes, infieles y rebeldes. La República holandesa también se hallaba dividida entre los partidarios de la paz y los que se beneficiaban del enfrentamiento con la Monarquía española. El conflicto cesará por fin con la Paz de Münster (1648), que reconoce formalmente la independencia holandesa.

En esta última parte nos encontramos en el inicio la Unión Alegórica, a la izquierda de dicho cuadro aparecen la Discordia y la Envidia, Cupido pisa las armas como símbolo del cese de las armas. También otro cuadro significativo de esta exposición es la Alegoría de la Concordia, en la que aparece de rojo la Caridad, de blanco la sinceridad y la Concordia que recoge unas flechas atadas, como símbolo de nuevo del alto fuego.
Fundación Carlos de Amberes
Javier Ortiz Yusta

MEMORIA DE CLASE

Tras haber visto en la clase práctica los videos correspondientes a Carlos y Felipe, el grupo puso su trabajo en común. Cercana ya la exposición final, los distintos miembros prepararon dicha exposición, dividiendo las partes y ayudando a su realización; para facilitar con la ayuda de todos los miembros asistentes su comprensión y desarrollo.
Durante breves minutos cada uno mostró su ámbito de trabajo y la bibliografía que estaba utilizando, veamos cada uno de los componentes con su respectiva bibliografía:

- Oscar está trabajando el libro : Art, Religio, Société, Presses Universitaire de Strasbourg,1997
- Paula finalizará la parte de Dogmas con el manual de Lutz : Reforma y Contrarreforma.
- Carolina seguirá trabajando su parte, relacionada con las Causas de la Reforma.
- Javier realizará los resumenes de los videos y de la exposición en la Fundación Carlos de Amberes.

Recuerdo que cada miembro del grupo está preparando su parte del trabajo final, tanto redactando como organizando los contenidos. También señalo, que ya se ha hablado para formar una pequeña reunión destinada a la elaboración del trabajo final, así como para dividir sus partes.

Javier Ortiz Yusta